No te faltan horas de sueño, te sobra administración metiendo la mano en tu nómina

¿Te levantas por la mañana sintiendo que te ha pasado un camión por encima aunque hayas dormido del tirón?

Tranquilo. No estás enfermo.

El doctor Mario Alonso Puig salía el otro día en la radio explicando que hay un cansancio que no se cura durmiendo ocho horas.

Hablaba del agotamiento mental. De la sobrecarga. Del desgaste del alma cuando el entorno te asfixia.

Qué bien explicado.

Solo le faltó añadir un detalle: ese cansancio crónico tiene nombre, apellidos y ventanilla pública.

En Euskadi nos venden el paraíso del bienestar mientras mantener la persiana abierta o pagar el alquiler cuesta un riñón y medio del otro.

Te levantas, remas, pagas el IRPF, las tasas municipales, el recargo de turno y la fiesta de una burocracia que no para de engordar.

Luego miras tu cuenta corriente a final de mes y descubres que has trabajado más para la administración que para tu propia familia.

Eso no se arregla con una tila. Tampoco con una siesta.

Se llama resignación fiscal y asfixia institucional.

Te dicen que descanses, que medites, que hagas yoga para gestionar el estrés.

Nos toman por idiotas.

El mejor ansiolítico del mundo no viene en pastillas: se llama dejar de saquear el bolsillo del que produce para sostener un circo político insostenible.

Hasta que no dejen de asfixiarte a impuestos y regulaciones absurdas, seguirás agotado.

Por mucho que duermas.

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