Te dicen «fondos buitre fuera» mientras les firman cheques en el despacho de al lado

¿A ti también te gusta que te tomen el pelo o prefieres que al menos te inviten a un café antes?

Verás.

Hay una regla no escrita en política: lo que gritan por el megáfono nunca coincide con lo que firman con pluma estilográfica.

Llevan años vendiéndote el cuento del escudo social.

Años señalando a los «fondos buitre» como los culpables de que tu hijo no pueda emanciparse en Bilbao, Donostia o Vitoria.

Años agitando pancartas.

Y mientras tanto, por detrás, contrato firmado.

Y otro calentito en la mesa, listo para rubricar.

Negocios millonarios con los mismos a los que en el telediario llaman especuladores despiadados.

La pregunta no es si el PSOE lo ha hecho.

La pregunta que escuece de verdad es: ¿dónde miraban Sumar y Podemos?

¿No se habían enterado? Malo.

¿Lo sabían y callaron para no despeinarse en el sillón? Peor.

Mucho golpe de pecho contra el gran capital, pero a la hora de la verdad, la máquina del Estado no funciona con eslóganes, funciona con dinero de verdad.

¿Qué le van a contar ahora a los chavales acampados en Sol o en las plazas exigiendo un techo digno?

¿Les dirán que la culpa es de la derecha mientras ellos les ceden parcelas y contratos públicos a los fondos que tanto odian?

Te suben los impuestos. Te asfixian con regulaciones. Te dicen que el mercado está roto.

Pero cuando se apagan los focos, son sus mejores clientes.

La hipocresía política no se cura con discursos bonitos: se paga directamente con la nómina y el alquiler del ciudadano de a pie.

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